Lo primero que tengo que decir es que no debemos tomar estos 5 argumentos como una solución “salvavidas”, sino todo lo contrario, evitarlas a toda costa en cuanto detectemos que están ocurriendo.

Sin más preámbulos, estos son los falsos argumentos:

  1. Ya lo hemos hecho antes. Ahora debería ser más fácil y tardaremos menos.
  2. El cliente ha dicho que quiere algo sencillo. Sencillo… ¿Para quien?
  3. Supervisaremos exhaustivamente los costes para trabajar solo en lo que realmente sea importante.
  4. Pondremos a los mejores técnicos para que se haga en menos tiempo
  5. Haremos un esfuerzo extra y si es necesario meteremos a alguien más.

Ley de Brooks: Añadir más personas a un proyecto retrasado solo lo retrasa más.

Seguro que en este momento te estás sonriendo porque en más de una ocasión has utilizado alguno de ellos (incluso un mix con varios de ellos) para justificar el porque un presupuesto es tan “anómalo” para tu empresa.

Ya lo hemos hecho antes. Ahora debería ser más fácil y tardaremos menos.

La palabra clave engañosa aquí es la refactorización. Pensamos que podremos usar la experiencia de trabajos previos, incluso partes de otros trabajos para desarrollar un proyecto “de pegamento” que nos hará ahorrar mucho tiempo, lo cual justifica por que en vez de ser X horas son (X-y)h.

Si algo nos ha demostrado la experiencia es que cada proyecto conlleva sus propia problemática en forma de riesgo:

  1. Las propias especificaciones (que nunca son iguales)
  2. La tecnología (si que puede parecerse a otros proyectos pero la circunstancia tecnológica nunca serán iguales)
  3. El propio cliente (Definitivamente, son muy distintos)

Pensar que todo va a ir bien, que ya lo sabemos todo acerca de ese proyecto es sinónimo de tener problemas desde el principio del proyecto.

El cliente ha dicho que quiere algo sencillo. Sencillo… ¿Para quien?

Este modalidad es una de las que más veces se nos ha dado en nuestra empresa. Esta es la traducción a lenguaje del cliente:

  1. Quiero que me salga muy barato, si les digo que es muy complicado me va a salir más caro.
  2. Tampoco tengo muy claro qué es lo que quiero en realidad, ya lo iremos pensando.

No pensamos que los clientes sean malas personas, todo lo contrario. Si algo nos gusta de esta profesión es ayudar a personas que tienen un proyecto, una ilusión, a que se haga realidad. Lo que más nos satisface es ver cómo hemos contribuido al éxito de los proyectos de nuestros clientes.

Con clientes con poca experiencia en desarrollo de proyectos online, nos suele ocurrir que las especificaciones no están claras desde un principio. ¿Os suena esta frase?: Es muy sencillo, quiero una página como la de Booking (y no te vayas a pasar mucho con el presupuesto porque no tienes nada que pensar, solo tienes que copiar esa página).

Nuestro trabajo será desgranar “los deseos” del cliente para transformarlo en una especificaciones claras, medibles y sobre todo… realizables.

Supervisaremos exhaustivamente los costes para trabajar solo en lo que realmente sea importante.

¿Y por qué no lo hacemos siempre?. Existen unas circunstancias poco predecibles residuales que debemos tomarlas en cuenta porque es donde radica el riesgo de desviación de los proyectos. En la metodología SCRUM es muy típico hablar del PMV (Proyecto Mínimo Viable) que pone el foco en la funcionalidad que realmente aporta valor, retrasando o eliminando todo aquello que sea “meramente estético” para el éxito del proyecto.

Nos autoconvencemos de que seremos capaces de tener controlada la funcionalidad del proyecto, sin encontrarnos con nueva funcionalidad y que somos capaces de tener claro desde un principio lo que vamos a hacer. Puede que nosotros lo tengamos claro… ¿y el cliente?. Os ilustro con algunas frases:

  1. Hombre, eso no hacía falta ni decirlo, se da por supuesto
  2. Yo pensaba que tenías claro que eso lo quería así
  3. la página de la competencia lo tiene (booking), no entiendo por qué no lo puedo tener yo también
  4. Eso es importante, lo necesito, es inherente al propio proyecto

Nosotros ya tenemos una frase en los presupuestos que dice:

“Todo lo que no está expresamente incluido en este presupuesto, está excluido del precio”. No haría falta ni decirlo, pero es la única forma de que antes de que se apruebe un presupuesto, el cliente piense si quiere incluir algo más para que lo valoremos.

Pondremos a los mejores técnicos para que se haga en menos tiempo

Los mejores técnicos tienen suficiente trabajo como para meterles en más marrones, además, si son buenos es porque han aprendido a no meterse en estos marrones.

¿Qué ocurre si no podemos contar con ellos? ¿Quemarías a tus mejores técnicos en un proyecto en el que sabes que los recursos son francamente escasos y eso puede acabar muy mal?. Por desgracia, nosotros lo hemos hecho, y desde aquí quiero darle las gracias una vez más a personas como Manuel Pijierro – @mpijierro (un gran programador y mi Sensei de paz y tranquilidad), Jaime Civantos @jaimecivi (Por ser más que un programador un amigo en la batalla, incansable y abnegado) Javier Alonso – @oyabun (por haberse aprendido de memoria todo internet y darnos soluciones maravillosas), Roberto González – @robergd (por simplificar el comportamiento de tantos proyectos con su inconfundible toque UX) Manuel Villagordo – @manuelvillagrdo (Por aportar soluciones gráficas sencillas, atractivas y en plazo), Toñi Viniegra – @maviniegra (Por imponer un poco de sensatez legal en todo esto y… por ser la mujer más maravillosa del mundo). Esta lista, en algún momento ha sufrido proyectos mal planificados desde un principio y sólo gracias a su sacrificio y paciencia pudimos salir adelante. De todo esos proyectos, solo me queda un mal sabor de boca por arrastrar a otros al abismo y una eterna gratitud.

Haremos un esfuerzo extra y si es necesario meteremos a alguien más.

Ley de Brooks: “Añadir más personas a un proyecto retrasado solo lo retrasa más.”

Cuando dependes de heroicidades, esfuerzos titánicos, sacrificios inimaginables… para que un proyecto salga bien, algo está mal planificado.

Partir de la base que “a lo mejor” los recursos que hemos destinado (y presupuestado) al proyecto pudieran no ser suficientes, desde un principio, antes de empezar… debería darte pistas de que sabes que son insuficientes.

En España la intuición está muy desprestigiada, es sinónimo de “poco racional y reflexivo” . Todo lo contrario, es una reflexión a muy alta velocidad, sin que apenas seamos conscientes de ello. Nuestro cerebro relaciona gran cantidad de información casi de forma instantánea, nos ayuda a tomar decisiones sin que tengamos que dedicar horas de reflexión. Por eso las primeras impresiones son tan valiosas. Ahora, cuando tengo un “pálpito”, lo tomo muy en cuenta. La experiencia me ha demostrado que esas intuiciones acaban por producirse.

Y cuando metamos a “ese alguien más” ¿lo hemos incluido, por si acaso, en el presupuesto?.

Como veis, intentar encajar con calzador un presupuesto para que sea asumible por el cliente es un error, solo conduce a la frustración y malas experiencias.

Emprender: ¿Sólo o acompañado?

La primera vez que emprendemos solemos buscar socios que nos ayuden a reducir ese miedo que tenemos a la toma de decisiones, a equivocarnos, a no estar tan solos en ese primer momento en el que todo es desconocido. Mi opinión es que mejor Solos que BIEN ACOMPAÑADOS

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